sábado, 9 de marzo de 2013

Path y App.net, o el arte de poner puertas al campo social media


Aunque ambas redes establecen límites lo hacen de una manera bien diferente. Por una parte, Path limita a 150 personas el númeromáximo de contactos posibles. No es un número elegido al azar, es el número medio de amigos en Facebook. Pero mucho más que eso. 150 es el número de Dunbar, tal y como explica Wikipedia, es “según el antropólogo Robin Dunbar, la cantidad de individuos que pueden desarrollarse plenamente en un sistema determinado. Dunbar teoriza que este valor, aproximadamente 150 individuos, está relacionado con el tamaño del neocórtex cerebral y su capacidad de proceso.
Path, además, es una red social concebida para smartphone, no tiene versión “para PC”, además, permite publicar desde su plataforma en otras como Facebook o Twitterr (pero no a la inversa).
Filosóficamente está concebida como una red íntima, tanto en la limitación de personas con las que se comparte como el hecho de compartir desde el teléfono móvil, un acto mucho más personal e íntimo (se puede hacer en cualquier parte, en un trayecto de autobús, en la sala de espera del dentista) que la publicación desde un PC o incluso una tablet.
Por su parte App.net es una red social de pago. Al igual que Twitter, se basa en el microblogging, y quienes la han utilizado (pagando sus 50 dólares) comentan que tiene el “espíritu” de los primeros tiempos de Twitter, eso sí, con límite 256 caracteres, lo que al lado de los 140 de Twitter, de repente, parece todo un mundo de espacio.

De alguna manera, las redes sociales, destiladas de todo intento monetizador, se vuelven a convertir en la esencia de la web 2.0.
Pero cuando se paga 50 dólares por estar en un sitio, el usuario no se comporta igual que cuando la pertenencia es gratuita. Pongamos por caso el concierto de un artista que nos gusta mucho y:
1. Pagamos 50€ por asistir a un concierto suyo en un recinto cerrado: damos empujones para estar en primera fila, estamos rodeados de gente que también pagó y también quieren disfrutar el máximo. Gritamos, saltamos, cantamos las canciones a coro con el resto del auditorio. Pedimos varios bises y nos vamos a casa con la camiseta sudada.
2. Vamos a un concierto del mismo artista, esta vez es gratis porque son las fiestas locales y paga el ayuntamiento. La actuación es en un recinto abierto, hay tantos fans del artista como curiosos que se han acercado “a ver qué pasa”, e incluso auténticos detractores que quieren “reventar” el acto. La audiencia está más fría, seguramente no me pelearé por estar en primera fila y la gente que me rodea probablemente no se sepa las canciones.
Nuestra actitud no es la misma cuando tenemos que pagar. Es como hacer gimnasia en casa (gratis) o pagar una cuota de gimnasio. En el segundo caso nos sentimos moralmente obligados a aprovechar nuestro dinero.
Es muy probable que el usuario de App.net sea más activo, incluya contenidos de mayor interés, pase más tiempo en la red, establezcarelaciones más intensas. Será más difícil encontrar usuarios “apáticos” que se limitan, como en el caso de Facebook, a ver contenidos de otros perfiles y, de vez en cuando, hacer un LIKE.
En cuanto a los inconvenientes de la limitación, es posible que a muchas personas “social adicts”, acostumbrados a tener “5.000″ amigos en Facebook se les quede corto el número de 150 pero bien mirado, es un margen más que suficiente para dar cabida al círculo más cercano a una persona.
Ya hemos visto que incluso el número de 150 está elegido científicamente de acuerdo con estudios antropológicos.
Por otra parte, el hecho de cobrar una entrada puede ser también un límite a la capacidad de crecimiento del negocio de App.net, pero el modelo de negocio de esta empresa no persigue una explosión brutal de usuarios en todo el mundo. Frente a Facebook, cuyo modelo de negocio explota “capacidades potenciales”: tener 1.000 millones de personas, potenciales consumidores, dentro de un espacio virtual, App.net pretende monetizar la entrada y crear una mejor experiencia de usuario, sin pretensiones grandilocuentes. El contenido, de nuevo, es el rey.
Tanto Path como App.net, en definitiva, explotan las deficiencias de otras redes sociales allí donde éstas defraudan. Posiblemente no habrían nacido o su negocio no habría cuajado nunca sin la existencia previa de Facebook o Twitter. Pero esa es su grandeza: pensar en el cliente.
Un artículo escrito por Alberto Granada