jueves, 10 de enero de 2019

El verdadero error de Mark Zuckerberg que le ha sumido en el actual caos tecnológico

Facebook ha tocado fondo. Tras el escándalo de Cambridge Analytica, las injerencias rusas en las elecciones estadounidenses y las noticias falsas que germinan y echan raíces en la plataforma, la compañía está tocada y casi hundida.


Aunque es del todo sorprendente la capacidad de resiliencia de uno de los más grandes gigantes digitales y, también de su CEO, lo cierto es que el futuro de la compañía se augura enormemente complejo.

La recuperación de la confianza de usuarios y autoridades es una de las prioridades para Mark Zuckerberg cuya imagen está por los suelos a pesar de las repetidas explicaciones y disculpas pronunciadas ante las autoridades a este y al otro lado del charco.
A pesar de que el fundador de la red social ha sido señalado como el gran culpable de esta situación, ¿es realmente Zuckerberg el verdadero responsable?
Cierto es que el líder de una compañía con un poder de influencia y un alcance mundial como los de Facebook debe asumir ciertas responsabilidades a la hora de salvaguardar la seguridad de sus usuarios. Sin embargo, en un mundo en el que la ley siempre va por detrás de las innovaciones, quizá los reguladores también deben entonar parte del mea culpa.
Al menos así lo cree Bradley Tusk, fundador y CEO de Tusk Ventures, que expone en Fortune una reflexión personal sobre el que considera el verdadero error de Mark Zuckerberg: no haber solicitado la ayuda de las autoridades y reguladores antes de todo este caos.
La prevención es para Tusk la clave para poder haber, si no evitado, al menos sí reducido el impacto de los perjuicios y “cuando las cosas fuesen mal, en lugar de señalar culpables y poner excusas, Facebook podría haber afirmado con gran credibilidad que lo hizo lo mejor que pudo”.
Pero este problema no solo afecta a Facebook, sino también a los drones, a la inteligencia artificial, a las criptomonedas, a los vehículos autónomos y, en definitiva, a toda nueva tecnología con un fututo tan prometedor como incierto y, por lo tanto, carentes de regulación.
La rapidez con la que avanza la tecnología hoy en día y, sobre todo, el potencial que tiene a la hora de cambiar el mundo para bien y para mal, obliga a las autoridades a anticiparse a los posibles inconvenientes derivados y regular como forma de protección.
“La tecnología tiene un problema de sobrerregulación, pero eso no es motivo para no ocuparnos de la coexistente falta de regulación. Dejar a compañías como Facebook a su suerte es crear riesgos innecesarios y asumir una omnisciencia de las empresas que no existe. Hasta que no nos tomemos esto más en serio, seguiremos viendo emerger problemas en los gigantes tecnológicos que han crecido tanto que son incapaces de gobernarse a sí mismas”, concluye Tusk.